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Desde afuera

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Una colección de ideas dispersas.Gabriel Symehttp://www.blogger.com/profile/03966070516207724307noreply@blogger.comBlogger52125
Updated: 3 years 14 weeks ago

Estos romanos están locos

Fri, 2008-10-31 16:21
Pero todo el mundo tiene el derecho a cometer sus propios errores. Por más que me aterre/desconcierte/disguste en ocasiones, esa es mi opinión. Sin embargo, siempre queda la posibilidad de reírse de ello. Es algo.



P. D. A veces estos vídeos los quitan de Youtube a petición de las cadenas de televisión. No sé cuánto dure este. Si lo quitan, trataré de encontrar otro que funcione.
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Walter y Achmed, el terrorista muerto

Fri, 2008-10-31 16:21
Ventrílocuo y titiritero no parecen títulos para recomendar a nadie, pero describen al comediante Jeff Dunham y el tipo es realmente bueno. Cualquier interesado en los detalles de su vida, puede ir a Wikipedia y leerlos por sí mismo. En su espectáculo, Dunham presenta diversos muñecos de los que mi favorito es Walter, un viejo amargado y desagradable que no suele dejar bien a nadie, incluyendo al propio Dunham. Los siguientes vídeos pertenecen a su espectáculo Spark of Insanity, del 2007, que se puede comprar en DVD o bajar de Internet, lo que dejo a la conciencia de cada quien. (Yo no soy el guardián de mi hermano, como apuntó con descaro Caín después de cargarse a Abel.)

Walter, parte 1



Walter, parte 2



Walter, parte 3



A cada rato uno se encuentra personas que se quejan de que la libertad con que los comediantes se burlan del cristianismo no se aplica por igual a los musulmanes y reclaman de estos más valor a la hora de atacar las supersticiones ajenas y más respeto a las supersticiones de Occidente. Suelen ser personas a las que si uno escucha durante un rato lo dejan con la impresión de que Europa está a punto de ser invadida por hordas de islamistas a lomos de camellos, armados con AKs 47 y RPGs 7, que van a arrollar a los ejércitos europeos. Es, supongo, parte de esa antigua tradición histérica de Occidente que incluye a Atila, Gengis, los árabes y el turco y que probablemente se iniciara con el temor a los sumerios o vaya usted a saber qué. (No incluyo a Aníbal a pesar de aquello de Hannibal ad Portas! porque me parece un fenómeno muy local, aunque sin duda importante dado el peso de Roma en nuestra herencia cultural; aun así...) A diferencia de otras ocasiones —Atila, por ejemplo—, es probable que esta vez nos quedemos esperando, como los habitantes de aquella anónima ciudad en el famoso poema de Kavafis. En cualquier caso, esas quejas no tienen base, y Achmed, el terrorista muerto, creo que lo prueba. Los interesados en encontrar comediantes que se burlan, entre muchas otras cosas, del terrorismo islámico y las supersticiones a él asociadas —también de sus consecuencias, lo que igual no les haga tanta gracia, pero esos tipos son salvajemente imparciales y políticamente incorrectos— pueden consultar Mock the Week, un programa británico que transmite alguno de los canales de la BBC. Y sin más, Achmed, el terrorista muerto.


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The 'F' word

Fri, 2008-10-31 16:21
Este vídeo con audio de Monty Python explica la etimología de "la-palabra-con-f", sus diversos usos y las distintas categorías gramaticales en las que puede ubicarse, lo que demuestra que es una de las palabras más versátiles del idioma inglés. Y eso no es poco mérito.

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Russia and Turkey tango in the Black Sea

Fri, 2008-10-31 16:21
No es la primera vez que incluyo aquí un artículo publicado en Asia Times y supongo que esta tampoco será la última. En esta ocasión, se trata de un análisis —un poco largo, pero interesante— sobre las negociaciones que tras los incidentes en Georgia han estado llevando a cabo Rusia y Turquía para asegurarse de que el Mar Negro continúe siendo el patio de juegos de ambos y de esa manera mantener la interferencia estadounidense al mínimo. De momento, están consiguiéndolo. Turquía, además, parece estar decidida a mejorar sus relaciones con Armenia —un aliado de Rusia— tras casi un siglo de malas relaciones. El artículo no sólo señala lo falaz que resulta hablar sobre el nerviosismo de los países del Cáucaso y Asia Central, sino que refiere el frío recibimiento que le dispensaron a Dick Cheney en Azerbaiyán, cuando se acercó a hablar con su presidente sobre la necesidad de parar el "imperialismo " ruso. Uno se pregunta por qué el New York Times no publica estas cosas.

Por otro lado, ayer el Daily Telegraph aseguraba que durante una conversación entre el Ministro de Exteriores del Reino Unido, David Miliband, y su homólogo ruso, Sergei Lavrov, este último había utilizado repetidamente "la-palabra-con-f"; especialmente para resaltar las lagunas en los conocimientos de Miliband en relación con la historia de Rusia y la opinión que le merecían su opiniones sobre el reciente conflicto. Eso, sumado a la respuesta que dio John McCain ("Gordon who?") cuando le informaron que Gordon Brown apoyaba la candidatura de Obama —lo que tampoco es cierto, pero ya se sabe cómo es la prensa— lo obliga a uno a enfrentar el hecho de que la pérfida Albión ya no es lo que era. O tempora, o mores!

Amid the flurry of diplomatic activity in Moscow last week over the Caucasus, Foreign Minister Sergei Lavrov took time off for an exceptionally important mission to Turkey, which might prove a turning point in the security and stability of the vast region that the two powers historically shared.

Indeed, Russian diplomacy is swiftly moving even as the troops have begun returning from Georgia to their barracks. Moscow is weaving a complicated new web of regional alliances, drawing deeply into Russia's collective historical memory as a power in the Caucasus and the Black Sea.

German poet and playwright Bertolt Brecht would have marveled at Lavrov's diary, heavily marked with "Caucasian chalk circles" through last week, with intertwining plots and sub-plots - an Extraordinary European Council Meeting taking place in Brussels; a meeting of the foreign ministers of the Collective Security Treaty Organization (CSTO) in Moscow; three foreign counterparts to be hosted in Moscow - Karl de Gucht of Belgium, Franco Frattini from Italy and Azerbaijan's Elmar Mamedyarov; visits by the presidents of the newly independent republics of South Ossetia and Abkhazia; and consultations with the visiting United Nations secretary general's special representative for Georgia, Johan Verbeke.

Yet, Moscow signaled the highest importance to consultations with Turkey. Lavrov summarily dropped all business at home and hurried to Istanbul on Tuesday on a working visit, essentially aimed at catching a few hours' urgent confidential conversation with his counterpart, Ali Babacan. Lavrov's mission underscored Russia's acute sense of its priorities in the current regional crisis in the Caucasus and the Black Sea.

Historical rivals becoming allies
Almost inevitably, there is great historical poignancy when Russia and Turkey discuss the Black Sea. During the year-long siege of the Russian fortress naval base Sevastopol in 1854-55 by the British and French, Tzarist Russia realized one or two home truths. One, that Turkey's role could be critical for the safety of its Black Sea fleet, and, two, without the Black Sea fleet, Russia's penetration into the Mediterranean would not be feasible. Most important, Russia learned that the original ground of a war may be lost, but the protagonists could continue with hostilities.

When peace finally came with the Congress of Paris in 1856, the Black Sea clauses came at a tremendous disadvantage to Russia - so much so that within the year the tzar conspired with Germany's Otto von Bismarck, denounced the accord and proceeded with re-establishing a fleet in the Black Sea.

The timing of Lavrov's consultations in Turkey was noteworthy. US Vice President Dick Cheney happened to be in the region, visiting Ukraine, Azerbaijan and Georgia, drumming up anti-Russia animus. Turkey didn't figure in his itinerary. Moscow shrewdly estimated the need of political dynamism with regard to Turkey.

Moscow has taken careful note that unlike the North Atlantic Treaty Organization (NATO) and the European Union, Turkey's reaction to the conflict in the Caucasus has been manifestly subdued. Ankara briefly expressed its anxiety over the developments, but almost in pro-forma terms without taking sides. On the one hand, Turkey is a NATO member country and it aspires to join the EU. It was a close Cold War ally of the US. Turkey will be the net beneficiary as an energy hub if any of the West's grandiose plans to bypass Russian territory and access Caspian energy materialize. It is the entrepot of the Baku-Tbilisi-Ceyhan oil pipeline.

On the other hand, Russia is poised to be Turkey's number one trading partner, with annual trade already nearing US$40 billion. Invisible trade is also substantial, with 2.5 million Russian tourists visiting Turkey annually and Turkish companies extensively involved in Russia's services sector. And, Russia supplies 70% of Turkey's needs of natural gas.

Thus, Turkey has ingeniously come up with the idea of a "Caucasus Stability and Cooperation Pact", whose main virtue would be, to quote Turkish commentator Semih Idiz, to "provide Turkey with the option of remaining relatively neutral in this dispute, even if this was not to everyone's satisfaction in Washington". Turkish Prime Minister Recep Tayyip Erdogan visited Moscow on August 12 to discuss the proposal with the Kremlin. Idiz adds, "Put another way, Ankara is not in a position to take sides in this dispute, at a time when a new 'East-West divide' is in the offing, even if it is a member of NATO."

Conventional wisdom is that Moscow abhors encroachments into its "sphere of influence" in the Caucasus by outside powers. However, in the present case, the Kremlin promptly welcomed the Turkish proposal and agreed to have consultations on building up bilateral and multilateral dialogue on all aspects of the Caucasus problem. The Russian approach is pragmatic.

Primarily, it was imperative to engage Turkey, an important regional power, which helped mitigate Russia's regional isolation in the crisis. Second, it paid to involve Turkey on Russia's side, as it does not form part of the EU peace initiative.

Turkey's influence in Southern Caucasus is undeniable. Turkey's annual trade with Georgia amounts to $1 billion, a considerable volume by the latter's yardstick. Turkish investment in Georgia is in excess of half a billion dollars. Turkey also supplied weapons and provided training to the Georgian military. Turkey's ties with Azerbaijan have been traditionally close, too.

Thus, Moscow took the perspective that the Turkish proposal could provide the basis to work out mechanisms for limiting the conflict potential of the region and enhancing regional stability and act as a counterweight to the West's intrusive moves directed against Russian interests.

Lavrov told Babacan that while "it is necessary at this stage to create appropriate conditions" for Ankara's peace initiative, "including elimination of the consequences of the aggression against South Ossetia", "we absolutely agree with our Turkish partners that the groundwork for that interaction can and must be laid now".

At the core of the Russian thinking lies the preference for a regional approach that excludes outside powers. Lavrov was open about it. He said, "We see the chief value in the Turkish initiative in that it rests on common sense and assumes that countries of any region and, first of all, countries belonging to this region should themselves decide how to conduct affairs there. And others should help, but not dictate their recipes."

Lavrov was hinting at displeasure over the US role. He went on, "Of course, this will be an open scheme, but the initiative role here will belong to the countries of the region. This is about the same thing as ASEAN [Association of Southeast Asian Nations] in Southeast Asia, which has a lot of partners [10], but the ASEAN members define the work agenda for the region, and the region's life."

The Russian approach is to welcome an "entente cordiale" with Turkey in the Black Sea region, which frustrate US attempts to isolate Russia in its traditional backyard. During Lavrov's visit to Istanbul, the two sides agreed about the "necessity of using more the already available mechanisms - the Black Sea Economic Cooperation Organization [based in Istanbul] and Blackseafor [regional naval force] - and developing the Turkish idea of Black Sea harmony, which is increasingly acquiring a multilateral and practical character."

Curiously, at the press conference in Istanbul with Babacan by his side, Lavrov made a huge ellipsis in the thought process by linking the Russian-Turkish shared interest in undertaking joint initiatives to two other regional issues - Iraq and Iran. He said, "Essentially from the same positions we also champion what needs to be undertaken for a definitive resolution of the situation in Iraq on the basis of the territorial integrity and sovereignty of that state. Also similar are our approaches to the necessity of a political peaceful settlement to the situation surrounding Iran's nuclear program."

The full import of Lavrov's statement needs careful analysis. Its ramifications are profound. It can be understood against the backdrop of the US's ideas in the past to use the eastern Black Sea coast as a staging post for its military operations in Iraq and a potential strike against Iran - which Ankara firmly rejected, to the great relief of Moscow. Suffice to say, Lavrov has done brilliantly by floating an idea to link Iraq and Iran with a Russo-Turkish regional framework on security and cooperation.

The straits question
But in immediate terms, Moscow has its eyes set on the US's military pressure in the Black Sea. At the root of the present situation lies the so-called "straits question". Briefly, Moscow would like Ankara to continue to resist US attempts to revisit the 1936 Montreux Convention, which vests in Turkish hands control over the Bosphorus Straits and the Dardanelles. The US was not party to the 1936 convention, which severely restricted the passage of warships through the two Turkish straits to the Black Sea and virtually ensured the Black Sea as a Russo-Turkish playpen.

The Montreux Convention is critical to Russia's security. (During World War II, Turkey denied the Axis powers permission to dispatch warships to the Black Sea to attack the Soviet naval fleet based in Sevastopol.)

In the post-Cold War scenario, Washington has been mounting pressure on Turkey to renegotiate the Montreux Convention so as to progressively convert the Black Sea into a preserve of NATO. Turkey, Romania and Bulgaria are NATO countries; the US has military bases in Romania; the US is hoping to induct Ukraine and Georgia into NATO. Therefore, Turkish resistance to the US entreaties regarding renegotiating the Montreux Convention assumes great importance for Moscow. (During the current conflict in the Caucasus, Washington sought to dispatch two massive warships weighing 140,000 tons to the Black Sea ostensibly to provide "aid" to Georgia, but Ankara refused permission on the grounds that such passage through the Bosphorus violated provisions of the Montreux Convention.)

Moscow appreciates the nuance in the Turkish policy. Actually, Moscow and Ankara have a shared interest in maintaining the Black Sea as their joint preserve. Second, Ankara rightly apprehends that any move towards re-opening the Montreux Convention - which Turkey negotiated with great dexterity, statesmanship and foresight by Kemal Ataturk against formidable odds - would open a Pandora's box. It might well turn out to be a step towards reopening the Lausanne Treaty of 1923, the cornerstone which erected the modern Turkish state out of the debris of the Ottoman Empire.

Writing in the liberal Milliyet newspaper recently, prominent Turkish political analyst Tahya Akyol neatly summed up the paradigm:
Anatolia's geography required giving priority to looking towards the West during the Byzantine and Ottoman eras, while never ignoring the Caucasus and the Middle East. Of course, nuances change, depending on events and problems. A Turkey directed towards the West would never ignore Russia, the Black Sea, the Caucasus, the Middle East or the Mediterranean. The symphony of changing and complicated nuances depends on the ability of our foreign policy and the size of our power. There's no such thing as an infallible policy, but Turkey has avoided making huge foreign policy mistakes. Its basic principles are sound.
Moscow has a deep understanding of the quintessential pragmatism of Turkey's "Kemalist" foreign policy. (Ataturk reached out to the Bolsheviks in the early 1920s.) Lavrov gently glided over the pages of contemporary history. He said in Istanbul that post-Soviet Russia didn't feel any "restraining factors" on account of Turkey's NATO membership as long as the two powers remained "truly sincere, truly trustful and truly mutually respectful". What did he mean?

From the Russian perspective, what matters is that Turkey shouldn't use its NATO membership to the detriment of Russia's interests, even while legitimately fulfilling its obligations and commitments to the alliance. In other words, Lavrov reminded that Turkey should not forget about its "other international commitments and obligations", such as "the framework of the international treaties that govern the regime on the Black Sea, for example".

Lavrov drew comfort that "Turkey never places its commitments to NATO above its other international obligations, but always strictly follows all those obligations that it has in the totality. This is a very important trait not characteristic for all countries. We appreciate this, and endeavor to approach our relations likewise." To be sure, he left behind much food for thought for his Turkish hosts.

Caucasian chessboard
Meanwhile, to use Akyol's metaphor, a new "symphony" has indeed begun in the Black Sea and Southern Caucasus. International observers, who reduce the current discord to one of Russia's support to the principle of self-determination, are counting the trees and missing the wood.

After testing out NATO's real capabilities to wage a war against Russia in the Black Sea - a Russian military expert assessed Moscow would need 20 minutes to sink the NATO fleet - Russia has announced its intent to deploy regular troops in the newly independent states of South Ossetia and Abkhazia under the treaties of "friendship, cooperation and mutual assistance" that Russia signed with them in Moscow on Tuesday. Defense Minister Anatoly Serdyukov said a contingent in excess of a brigade each would be deployed in South Ossetia and Abkhazia.

In practical terms, Russia has reinforced its presence in the Black Sea region. Lavrov explained in Moscow on Tuesday, "Russia, South Ossetia and Abkhazia will take all possible measures jointly to remove and prevent threats to peace or attempts to destroy peace and to counter acts of aggression against them on the part of any country or any group of countries." He said Moscow would henceforth expect that any discussions by the United Nations Security Council over regional security issues would be "senseless" without the participation of the representatives of South Ossetia and Abkhazia - a precondition Washington is certain to reject.

Equally, another Russo-Turkish symphony is heard elsewhere in the Caucasus. On Saturday, Turkish President Abdullah Gul flew into Yerevan, breaking the century-old ice in Turkish-Armenian relations. Moscow encourages the thaw. Yerevan hopes to benefit from the Russo-Turkish regional concord to normalize relations with Ankara and reopen the Armenian-Turkish border after a gap of almost a century. Armenian President Serge Sarkisian is expected to visit Turkey on October 14. The back channels working quietly in Switzerland for months are being elevated to a formal level. Pitfalls remain, especially with regard to the complicated Nagorno-Karabakh problem. Again, Washington might get alarmed and begin to pull strings through the Armenian diaspora in the US - and, vice versa.

At any rate, Gul visited Baku, Azerbaijan, on Wednesday to brief the Azeri leadership. In the same context, Azeri Foreign Minister Elmar Mamedyarov visited Moscow last weekend, following a telephone conversation between Russian President Dmitry Medvedev and his Azerbaijan counterpart Ilkham Aliyev. Medvedev invited Aliyev to visit Moscow. Armenian President Sarkisian recently visited Moscow.

The Russian newspaper Kommersant cited a Kremlin source to report that Moscow could broker an Armenian-Azeri summit meeting. If so, Russia and Turkey, working in tandem, are effectively bypassing Europe and the US. The so-called Minsk group of the Organization of Security and Cooperation in Europe has to date been in the driving seat of the Nagorno-Karabakh peace process. (Interestingly, Russia is a member of the Minsk group, whereas Turkey stood excluded.)

Baku snubs Cheney
To quote Kommersant, "Moscow and Ankara are consolidating their position in the Caucasus, thus weakening Washington's influence there." The signs are already there. When Cheney visited Baku last week on Wednesday on a mission single-mindedly aimed at isolating Russia in the region, he came across a few rude surprises.

The Azeris made a departure from their traditional hospitality to visiting US leaders by accorded a low-level airport reception for Cheney. Further, Cheney was kept cooling his heels for an entire day until Aliyev finally received him. This was despite what Cheney always thought was his special personal chemistry with the Azeri leader dating to his Halliburton days. (Aliyev used to head the Azeri state-run oil company SOCRAM.)

Cheney ended up spending an entire day visiting the US Embassy in Baku and conversing with sundry American oil executives working in Azerbaijan. Finally, when Aliyev received him late in the evening, Cheney discovered to his discomfiture that Azerbaijan was in no mood to gang up against Russia.

Cheney conveyed the George W Bush administration's solemn pledge to support the US's allies in the region against Russia's "revanchism". He stated Washington's determination in the current situation to punish Russia at any cost by pushing the Nabucco gas pipeline project. But Aliyev made it clear he did not want to be drawn into a row with Moscow. Cheney was greatly upset and made his displeasure known by refusing to attend the Azeri state banquet in his honor. Soon after the conversation with Cheney, Aliyev spoke to Medvedev on phone.

The Azeri stance demonstrates that contrary to US media propaganda, Russia's firm stance in the Caucasus has enhanced its prestige and standing in the post-Soviet space. The CSTO at its meeting in Moscow on September 5 strongly endorsed the Russian position on the conflict with Georgia. Russian Prime Minister Vladimir Putin undertook a highly significant visit to Tashkent on September 1-2 aimed at boosting Russian-Uzbek understanding on regional security. Russia and Uzbekistan have tied up further cooperation in the field of energy, including expansion of the Soviet-era gas pipeline system.

Kazakhstan, which openly supported Russia in the Caucasus situation, is mulling its oil companies acquiring assets in Europe jointly with Russia's Gazprom. The indications are that Tajikistan has agreed to an expansion of the Russian military presence in Tajikistan, including the basing of its strategic bombers. Indeed, the CSTO's endorsement of the recent Russian package of proposals on developing a (post-NATO) European treaty on security is a valuable diplomatic gain for Moscow at this juncture.

But in tangible terms, what gives utmost satisfaction to Moscow is that Azerbaijan has reacted to the Caucasus tensions and the temporary closure of the Baku-Tbilisi-Ceyhan pipeline by pumping its oil exports to Europe instead via the Soviet-era Baku-Novorossiysk pipeline. The dramatic irony of Baku overnight switching from a US-sponsored oil pipeline bypassing Russia to a Soviet-era pipeline that runs through the Russian heartland couldn't have been lost on Cheney.

More worrisome for Washington is the Russian proposal that lies on Aliyev's table offering that Moscow will be prepared to buy all of Azerbaijan's gas at world market prices - an offer Western oil companies cannot possibly match. It is an offer Baku will seriously consider against the backdrop of the new regional setting.

The complete failure of Cheney's mission to Baku would appear to have come as a rude awakening to Washington that Moscow has effectively blunted the Bush administration's gunboat diplomacy in the Black Sea. As the New York Times newspaper grimly assessed on Tuesday,"“The Bush administration, after considerable internal debate, has decided not to take direct punitive action [against Russia] ... concluding it has little leverage if it acts unilaterally and that it would be better off pressing for a chorus of international criticism to be led by Europe."

US Defense Secretary Robert Gates explained to the daily that Washington prefers a long-term strategic approach, " [and] not one where we act reactively in a way that has negative consequences". He added thoughtfully, "If we act too precipitously, we could be the ones who are isolated." Cheney himself has scaled down his earlier rhetoric to severely punish Russia. He now thinks the door for improving relations with Russia must remain open, and casting future relations with the US is a choice for the leaders in Moscow to make.

But Turkey appears to have made its choice. From the speed with which Erdogan conjured up the idea of the Caucasus Stability Pact, it seems Turkey was ready for it for a while already. It is not as easy as it appears to invariably turn factors of geography and history to geopolitical advantage. Besides, as its misleading name suggests, the Black Sea is actually an iridescent blue sea full of playful dolphins, but pirates and sailors were captivated by its dark appearance when the sky hung low laden with storm clouds.

Ambassador M K Bhadrakumar was a career diplomat in the Indian Foreign Service. His assignments included the Soviet Union, South Korea, Sri Lanka, Germany, Afghanistan, Pakistan, Uzbekistan, Kuwait and Turkey.

(Copyright 2008 Asia Times Online (Holdings) Ltd. All rights reserved.)
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China y el hábito de malinterpretar

Fri, 2008-10-31 16:21
Malinterpretar un suceso de manera que podamos ajustarlo a nuestras expectativas o preferencias es una práctica común de la que en general ni siquiera somos conscientes. O eso me gustaría pensar ante el espectáculo de la muchedumbre de periodistas que en diversos periódicos en distintos países han celebrado las cuidadosas declaraciones de China en relación con la guerrita ruso-georgiana como una prueba del "aislamiento" en que se encuentra Rusia tras esta excursión militar. El hecho de que China no se posicionara abiertamente del lado de Rusia lo interpretan como una evidencia de que ni siquiera un aliado cercano y tan poco democrático aprueba la intervención militar rusa en Georgia y el posterior reconocimiento de Osetia del Sur y Abjasia como naciones independientes. Si todo fuera tan simple...

Primero, hay que aclarar que no sabemos qué pueden haber hablado los mandatarios de estos países en privado —un tema sobre el que no vale la pena especular— y cualquier persona sensata sabe que, usualmente, las declaraciones oficiales no son más que pose para la galería sin demasiada trascendencia. Los partidarios de la versión oficial —"Ni los chinos aprueban la brutalidad soviét... perdón, rusa."— argumentan que acaso intervino en esa decisión el hecho de que Rusia y China comparten una extensa frontera que ahora estarán vigilando desde Beijing con preocupación, dado el aventurerismo de Putin. Lamentablemente, esa afirmación no se sostiene, en parte, porque hace ya unos años que rusos y chinos resolvieron todos sus problemas fronterizos pendientes para satisfacción de ambos. Todavía más importante es el hecho de que Rusia sufre una importante caída de la natalidad que sería razón suficiente para que fuera este país quien mirara con preocupación a su vecino, habida cuenta el aumento del número de nacionales chinos en el lejano oriente ruso. Si alguien tiene que preocuparse a la larga por su integridad territorial y por la posibilidad de ser parcialmente absorbido por su vecino es Rusia.

Sin embargo, hay un argumento de mayor peso y mucho más obvio, cuyo olvido provoca que lea a estos periodistas con suspicacia, más habida cuenta que muchos de ellos se han mostrado bastante vocales en relación con estos temas en el pasado. La razón por la que el gobierno chino no puede apoyar públicamente la secesión de Osetia del Sur y Abjasia es que en casa tiene dos casos muy similares y no está dispuesto a permitir que nadie invoque a los países del Cáucaso —o a Kosovo, puestos a ello— como precedente. Me refiero, lógicamente, a Taiwán, que es independiente de facto aunque nadie reconozca ese hecho, y al Tíbet.

Suponer que el gobierno chino pudiera ser tan torpe como para aprobar públicamente unas decisiones que van contra su política interna es absurdo... o malintencionado. Eso no quiera decir que China no simpatice en privado con la idea de impedir que la OTAN se extienda hasta el Cáucaso y que los países Occidentales tengan un mayor control del gas y el petróleo de Asia Central, que a fin de cuentas son la competencia. Por otro lado, la pose de neutralidad es coherente con actitudes pasadas. Es la misma posición que adoptó en relación con el conflicto diplomático que enfrenta a Rusia y a Japón por el control de las Islas Kuriles o a Japón y a Corea del Sur debido a unos islotes que los surcoreanos llaman Dokdo y los japoneses Takeshima y que actualmente controla Seúl, pero que reclaman desde Tokio. Desde Beijing se dedican, razonablemente, a ver los toros desde la barrera. Y si los periodistas quieren utilizar esta muestra de pragmatismo para desinformar a sus lectores, ¿quién puede impedirlo? Es deshonesto, sí, pero es cómodo, no es conflictivo y no es como si alguien fuese a darse cuenta. ¿O sí?
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Una par de notas al margen

Fri, 2008-10-31 16:21
Por azar, encuentro un par de vídeos interesantes en YouTube. El primero pertenece a la cadena Fox. Interesados en incluir el factor humano durante la recién terminada guerra entre Georgia, Osetia del Sur y Rusia —que no todo puede ser hablar de derechos humanos y democracia; eso queda demasiado abstracto y ya se sabe que el público quiere "conectar" con alguien—, entrevistan a una niña de doce años y su tía, residentes en San Francisco, que se encontraban en Osetia en esos días y que tuvieron que huir precipitadamente de la aldea que visitaban, y no por culpa de la escasez de rinocerontes precisamente. Sin embargo, pareciera que alguien no hizo los deberes y se habrán llevado un pedazo de sorpresa en el estudio cuando la niña decide aclarar que había huido de las bombas georgianas y que desde allí quería expresarle su agradecimiento al ejército ruso por ayudarlas a escapar. Entre ella y la tía se cargaron por un instante la narrativa que sobre el conflicto habían creado los medios en EE.UU. Afortunadamente, una pausa para ir a comerciales siempre viene a mano para callar a alguien que insiste en decir cosas que nadie quiere escuchar. Al menos nadie en la cabina de producción.



El otro vídeo pertenece a la CBC y es un fragmento de una entrevista a Condoleezza Rice en Washington, una vez más el tema es Georgia. Ante las declaraciones de Rice y otros políticos norteamericanos que afirmaban que la reacción militar de Rusia había sido desproporcionada, un periodista comienza a hacerle una pregunta a la actual Secretaria de Estado en la que traza un paralelo entre la reacción rusa y la reacción norteamericana tras el 11 de septiembre. La pregunta en sí nunca la sabremos porque se corta la señal y de inmediato se regresa al estudio donde la presentadora, sin demasiado entusiasmo, aclara que al parecer han perdido la señal del satélite. Resulta fascinante el descaro con el que censuran un comentario incómodo. Por otro lado, puestos a hacerlo, yo siempre he encontrado más refrescante este tipo de cinismo. Al menos uno sabe a lo que se enfrenta.



Para terminar, no puedo pasar por alto un fragmento del artículo que publica hoy Mario Vargas Llosa sobre su reciente visita a Caracas en la página de Opinión de El País. Antes de proseguir, permítanme que aclare que no me interesa el tema de Venezuela, me aburrió desde un inicio. Hugo Chávez me parece un payaso y un incapaz, elegido democráticamente, es cierto, pero no menos payaso e incapaz por ello. ("Es inútil" "Sí, pero es el capitán", que dirían los Les Luthiers.) Ha tomado alguna que otra medida sensata —tratar de erradicar el analfabetismo, por ejemplo—, pero en general se ha dedicado a desaprovechar la oportunidad que había ganado en las urnas para corregir siquiera parcialmente los problemas de su país. Vargas Llosa, por otro lado, es mi escritor favorito en su generación. Tiene, como cualquiera, varios libros malos; incluso algunos muy malos. Sin embargo, prefiero Conversación en la Catedral a Cien años de soledad —más "entretenida" acaso, más accesible sin duda, pero menos novela— o a Rayuela —el libro de un argentino profesional. Lo digo por dejar claras mis lealtades. Y ahora, cito el párrafo de Vargas Llosa.
A este respecto, no me resisto a contar una anécdota que le escuché también a Teodoro Petkoff. Tomó un taxi en el centro de Caracas y fue reconocido por el chofer. Éste era un médico cubano que, en sus ratos libres, hacía de taxista para mejorar sus ingresos. Estaba ya un buen tiempo en Venezuela y, ciertamente, muy contento. Lo que más le alegraba era la abundancia que advertía por doquier, en los almacenes, tiendas y mercados, un gran contraste con los desvaídos y misérrimos puestos de venta de productos domésticos donde se aprovisionan en la isla los cubanos de a pie. Puestos a conversar, el médico-taxista le confesó a Petkoff esta debilidad: "Cuando llegué a Venezuela y vi por primera vez una botella de Coca-Cola, se me llenaron los ojos de lágrimas". Si después de medio siglo de revolución, ese símbolo quintaesenciado del capitalismo despierta semejantes emociones en un cubano nacido y educado bajo la prédica ideológica de Fidel Castro, ¿quién puede dudar que el socialismo en su versión cubana tiene los días contados?
Ignoro si en realidad Petkoff le contó esto a Vargas Llosa. Ignoro si Petkoff se inventó la historia. Ignoro si es una debilidad del novelista Vargas Llosa que se impone al periodista Vargas Llosa. (No sería extraño: "Hasta mis debilidades son más fuertes que yo", nos advierte el bueno de Felipe en una de las tiras de Mafalda.) La verdad, no me extrañaría encontrarme a un médico cubano trabajando de taxista "por la izquierda" en Caracas para aumentar su magro salario. Incluso estaría dispuesto a concederle el beneficio de la duda al médico cubano —o a cualquier cubano, puestos a ello— que me dijera que no probó la Coca Cola hasta que salió de Cuba, aunque eso último me temo que en buena medida habría sido responsabilidad suya. Ahora, que vio por primera vez en su vida una botella de Coca Cola en Caracas... Cuando lo leí, me vino en seguida a la mente aquello de Les Luthiers: "Cantalicio Luna vio la luz en la provincia de Buenos Aires a los dieciocho años... la madrugada en que llegó de Santiago del Estero, donde había nacido".

No recuerdo cuando regresó exactamente la Coca Cola a Cuba, pero para 1993 —Año de la Despenalización del Dólar, para seguir la moda oficial de darle nombre a los años—, hacía rato que ya estaba en la calle. Se me podría responder que no todo el mundo tendría los dólares para comprarla, es cierto, pero para verla no hacía falta pagar. La anécdota, además, oculta el hecho de que incluso en los momentos de mayor rusofilia en Cuba —momentos que cada día quedan más lejos, hablo de la década del setenta—, la cultura popular norteamericana nunca se ausentó de la Isla. Nunca vivimos detrás del Telón de Acero; y si hubo un Telón de Bagazo, pues resultó ser muy poroso. Crecí viendo dibujos animados y películas norteamericanas, escuchando música norteamericana, la moda la marcaban los norteamericanos y así un largo etcétera. Comparado con el español promedio de mi generación, tengo que reconocer que soy mucho menos crítico con el estilo de vida norteamericano y que estoy mucho más marcado por la cultura pop de ese país. Y como yo, todos esos médicos "educados bajo la prédica ideológica de Fidel Castro" (Vargas Llosa dixit). Si en serio Vargas Llosa cree que la Coca Cola le puede acortar los días al régimen cubano, acaso debería intentar ir a la Isla y actualizarse. Y si quiere, me escribe antes. Le puedo recomendar un par de sitios donde podrá tomarse una Coca Cola bien fría.

P. D. La BBC 2 tiene un programa titulado Mock the Week. En una de las secciones, los comediantes tienen que improvisar chistes cortos a partir de un tema que les proporciona el moderador. El del jueves pasado, 21 de agosto —que no es el más gracioso que haya visto—, trataba sobre "Preguntas que fueron rechazadas en los exámenes este año". Uno de los comediantes, plantea un problema:
Vladimir tiene diez mil tanques y usted tiene tres. ¿Por qué iniciaría usted una guerra? Argumente.
Aquí esta el segmento completo.



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¿Osetia del qué?

Fri, 2008-10-31 16:21
Y después dicen que no pasa nada en verano. Pues vaya que sí. Por un lado, tenemos los Juegos Olímpicos en Beijing y los entusiastas de la independencia del Tíbet —algo que, y lo digo descansadamente, nunca va a suceder—; por otro, y supongo que para evitarnos el aburrimiento a los que no disfrutamos del deporte, el bueno de Mijaíl Saakashvili decidió ignorar el alto al fuego vigente entre Georgia y los separatistas de Osetia del Sur y comenzar a bombardear Tsjivanli, la capital de esta región, provocando la muerte de cientos de civiles a los que pretendía convencer de que Georgia los ama. Tough love, que dirían los americanos.

Como todas estas guerras en los Balcanes y el Cáucaso, los orígenes vienen de muy atrás y hay más de una versión de acuerdo a la fuente que se consulte. Unos pocos hechos, sin embargo, están claros.
  1. Los osetios no son georgianos y culturalmente se sienten más cercanos a los rusos.
  2. Osetia del Sur fue incorporada a Georgia en 1922 por capricho de Josef Stalin, que estableció arbitrariamente las fronteras de las distintas repúblicas del Cáucaso. Todo el mundo evitará mencionarlo, claro está, porque es difícil declarar sacrosantas las fronteras establecidas por Stalin después de décadas denunciando sus crímenes. En 1990, los osetios declararon su independencia unilateralmente y 1992 la gran mayoría de sus habitantes votó a favor de la anexión a Rusia.
  3. En 1992, durante el mandato de Eduard Shevardnadze, el gobierno georgiano trató de recuperar el control sobre Osetia y sobre Abjasia —la otra región que había manifestado su voluntad de independizarse— y fue derrotado, provocando el desplazamiento de 300 mil refugiados georgianos que fueron expulsados de estos territorios y ganándose la enemistad de osetios y abjasos debido a la brutalidad de los efectivos georgianos. Tras este conflicto, entraron en Osetia los cuerpos de paz del ejército ruso, resolución de la ONU mediante y con la aquiescencia de Georgia.
Esta, como casi todas, es una guerra sin buenos ni malos, o mejor, una guerra entre malos donde los únicos buenos son las víctimas civiles de ambos lados. (Se enfrentan dos gobiernos corruptos, autoritarios y que recurrieron al fraude electoral en las últimas elecciones celebradas en ambos países. La pretensión de algunos medios como el New York Times de presentar a Georgia como un "faro de la democracia" en el Cáucaso es, a lo mucho, cómica.) Aun así, no es una guerra desprovista de interés, al menos de cierto interés intelectual.

Por ejemplo, es obvio que el ataque georgiano se trató de una ofensiva en toda regla, con artillería pesada y apoyo de la aviación, que evidentemente llevaba preparándose durante meses. Es obvio también que la ocasión fue elegida con cuidado, coincidiendo con el inicio de los Juegos Olímpicos, momento de distracción por excelencia, y cuando Putin se hallaba fuera del país. Es, por tanto, una operación al menos parcialmente bien planeada, lo que le obliga a uno a preguntarse cómo se le ocurrió Saakashvili meterse en este brete. Porque era obvio que los rusos iban a reaccionar con fuerza y brutalidad —como de costumbre—, no sólo por una cuestión de prestigio, sino porque buena parte de la población osetia ha adoptado la nacionalidad rusa, lo que ponía al ejecutivo ruso ante el compromiso de tener que defenderla. Resulta inverosímil creer que el bueno de Mijaíl se haya metido en esto sin la luz verde de Washington, aunque al mismo tiempo cabe preguntarse si los políticos estadounidenses pueden ser tan irresponsables como para autorizar algo así. Quiero decir, uno se va acostumbrando a la miopía y el cortoplazismo de la política norteamericana, pero esta metedura de pata —si fue autorizada desde EE.UU.— marca un nuevo record. ¿Y qué le pueden haber prometido a Saakashvili para que ponga a la población de su país de blanco de práctica para la aviación rusa? ¿La entrada a la OTAN, una vez que los rusos lo zurren y Osetia del Sur y Abjasia se independicen finalmente? Porque otra cosa no puede ser. El ejército regular georgiano casi seguro saldrá derrotado —hay que añadir que los abjasios parecen haber decidido poner en práctica el refrán de "a río revuelto, ganancia de pescadores", y han comenzado a crear problemas en su frontera—, y la idea de que Estados Unidos o la OTAN van a hacer algo más que quejarse es absurda. Definitivamente no van a ir de frente contra Rusia —no después de descubrir que no pueden derrotar a unos pocos miles de irregulares en Afganistán e Irak—, más habida cuenta el arsenal nuclear legado del pasado soviético. Tampoco se le pueden aplicar sanciones económicas, salvo que Europa esté dispuesta a quedarse sin gas y a aceptar que el precio del petróleo se dispare a alturas de vértigo.

En cualquier caso, y a la espera de nuevos acontecimientos, los rusos recordarán la "excepción" de Kosovo y reclamarán la independencia para sus aliados. A estas alturas, pedir que se respete la "integridad territorial" de Georgia va a provocar un festival de carcajadas en Moscú. ¿Y por qué no? Comparado con el caso Kosovo, un error estratégico tan obvio que dolía, la aspiración osetia de reunificarse con Rusia y la abjasia de recuperar su independencia aparentan ser de una lógica irreprochable. Habrá que esperar a ver en qué acaba, si los rusos deciden continuar adentrándose en Georgia o si procuran deponer a Saakashvili —que no lo creo—, si la UE, la OTAN o EE.UU. después de salvar la cara haciendo un poco de ruido terminan por ceder y aceptan el empequeñecimiento de Georgia como un fait accompli, y en qué acaba la aspiración de Georgia a entrar en la OTAN, que un país con un presidente tan irreflexivo no es una incorporación codiciable, oleoducto mediante o no.
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Karel Ĉapek

Fri, 2008-10-31 16:21
No creo atrevido sugerir que acaso toda preferencia sea apenas una superstición. Incluso de no ser así —y bien podría no serlo—, en toda elección permanece un elemento de misterio que no se consigue reducir sólo con razonamientos. Apunto esta opinión menos por el deseo de imponer mi criterio que con la intención de justificar de antemano la pobreza de argumentos tras la que se escuda mi admiración por la obra de Karel Ĉapek.

Como tantos otros, parte de su fama la debe a un equívoco, en su caso, el que a menudo se le atribuya la invención de la palabra "robot" —del checo robota, que literalmente significa trabajo esclavo y, figurativamente, trabajo duro o monótono—, término que en realidad le fue sugerido por su hermano Josef para los androides de su obra R. U. R. Sin embargo, no es menos cierto que Ĉapek ganó merecida fama como uno de los grandes escritores de la joven república checoslovoca al producir una obra prolífica y multifacética que consiguió la admiración de sus contemporáneos en el resto de Europa y los Estados Unidos.

Si bien su obra no ignora ningún género, Ĉapek cultivó con fruición y despreocupada felicidad el policiaco y la ciencia ficción, que en su época gozaban de prestigio (o eran de buen tono), circunstancia que a la larga, creo, ha disminuido su estatura, sobre todo en el mundo hispanohablante, con su habitual facilidad para los juicios provincianos. (Nunca he conseguido entender cómo se puede juzgar un género en su totalidad en lugar de evaluar una por una las obras que lo componen; de los géneros "no-canónicos" —insoportable eufemismo académico— sólo el fantástico goza de cierta reputación entre nosotros, y supongo que eso se deba a que no se puede ignorar tan fácilmente a Cortázar o a Borges.)

Comparado con Vidas imaginarias, de Marcel Schwob, sofisticado y decadente como buen simbolista, o con el ingenio epigramático y la erudición de Decadencia y caída de casi todo el mundo, de Will Cuppy, los Apócrifos de Ĉapek pueden parecer un libro menor. Una lectura más cuidadosa lo revela como un libro más humano, la obra de un autor con un delicado sentido del humor y una simpatía ecuménica que parece extenderse a todas las personas, lo que le permite construir personajes que, si bien no son siempre simpáticos, resultan de todas formas cercanos y hasta entrañables. Hay una suerte de humildad y casi provincialismo en Ĉapek que esconden su habilidad como narrador, como creador de personajes e historias. Esa voluntad de empequeñecimiento, ignoro si casual o voluntaria, ignoro si real o inventada por mí, provoca que su libro resulte de alguna manera más cercano. Una última virtud quiero apuntar antes de concluir: al final del ensayo que dedica a The Purple Land, de W. H. Hudson, Borges declara que hay muy poco libros felices en la tierra y menciona esa novela y Huckleberry Finn como ejemplos de libros que se pueden describir apropiadamente con esa palabra. Creo que Apócrifos puede incluirse sin demasiado esfuerzo en esa corta lista.
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Tersites

Fri, 2008-10-31 16:21
Karel Ĉapek

Era de noche y los hombres de Acaya, sentados alrededor de la hoguera, se acercaron todavía más ella.


—Esa carne de carnero estaba otra vez que daba asco —exclamó Tersites hurgándose los dientes—. Me extraña a mí, aqueos, que os la traguéis todo. Apostaría que ellos tuvieron para cenar, por lo menos, corderillos tiernos. Pero ¡claro está!, para los viejos soldados como nosotros, el carnero maloliente es más que suficiente. ¡Cuando recuerdo la hermosura de carneros que hay en nuestra Grecia!


—Déjate de romances —gruñó papá Eupator—. La guerra es la guerra, ya se sabe...


—Guerra... Por favor, ¿a qué llamas tú guerra? ¿Al hecho de que pronto hará diez años que vegetamos aquí por nada y para nada? Muchachos, yo os diré lo que ocurre: No se trata de guerra alguna, sino de que los señores estrategas y dignatarios hicieron una excursión a cuenta del estado. Y nosotros, viejos soldados, tenemos que quedarnos embobados viendo cómo cualquier mequetrefe, mocoso y niño mimado deambula por los campos y presume con su escudo. Así es la cosa ¡caramba!


—¿Te refieres a Aquiles? —dijo el joven Laomedonte.


—A ése o a otro —declaró Tersites—. El que tiene algo dentro de la cabeza sabe a quién le va bien lo que digo... Señores, eso no nos lo puede hacer creer nadie. Si se tratara solamente de conquistar a esa estúpida Troya, ya la tendríamos en nuestro poder hace tiempo. Hubiera bastado con estornudar un poco fuerte para que hubiera caído hecha escombros. ¿Por qué no se intenta un ataque contra la puerta principal? ¿Sabéis? Un ataque imponente, minuciosamente preparado, un asalto con gritos, amenazas y canciones guerreras, y estoy seguro de que la guerra terminaría en seguida.


—¡Hum!... —murmuró el prudente Eupator—, con gritos no caerá Troya.


—Estás muy equivocado —cacareó Tersites—. Hasta los niños saben que los troyanos son unos cobardes, miedosos, sarnosos y vagabundos. Bastaría con enseñarles bien una sola vez quiénes somos los griegos. Ya veríais cómo salían gimiendo y pidiendo misericordia. Sería suficiente que atacásemos a las mujeres de Troya, cuando salen al anochecer por agua.


—Atacar mujeres.... eso no se hace, amigo Tersites —dijo alzándose de hombros Hipodamio.


—La guerra es la guerra —gritó Tersites con arrojo—. ¡Sí que eres tú un buen patriota! Hipodamio, ¿crees que ganaremos la guerra por el hecho de que su señoría Aquiles, organice cada trimestre un encuentro público con ese mentecato de Héctor? Hombre, esos dos están de acuerdo, de eso no hay duda, y lo tienen todo bien ensayado. Sus peleas son una exhibición, para que los infelices crean que se están sacrificando por ellos. ¡Eh, troyano, eh, heleno! ¡Venid a mirar embobados a los señores héroes! Y los demás no somos nadie, nuestros sufrimientos no valen un pepino, por nosotros ni ladra un perro... Yo os diré una cosa, aqueos. Aquiles se hace el héroe solamente para recoger los laureles y privarnos de ellos a nosotros de nuestros derechos como guerreros. Quiere que se hable solamente de él, como si él lo fuera todo, y los demás, sólo basura. Así está el asunto, jóvenes. Y esta guerra se arrastra tantos años, para que el señor Aquiles pueda envanecerse como quién sabe qué héroe. Me extraña que no lo veáis.


—Oye, Tersites, por favor, ¿qué te ha hecho Aquiles? —exclamó el joven Laomedonte.


—¿A mí? ¡Ni lo más mínimo! —contestó exaltado Tersites—. ¿Te crees que me importa algo? Si lo quieres saber, ni siquiera le hablo. Pero todos están ya hartos de ver cómo ese tipo se hace el importante. Por ejemplo: eso de que esté enfadado y no quiera salir de su tienda de campaña. Vivimos en unos momentos históricos, en los que está en juego el honor de nuestra Hélade; todo el mundo tiene puestos sus ojos en nosotros, ¿y qué hace el señor héroe? Se revuelca en su tienda y dice que no va a luchar más. ¿Quizás tenemos nosotros que trabajar como esclavos, para escribir este momento histórico y salvar el honor de toda la Hélade? Pero así son las cosas... Cuando llega el momento de dar la cara, Aquiles se siente ofendido.... ¡Puf! ¡Vaya comedia! ¡Ahí tenéis a eso héroes nacionales....! Unos cobardes es lo que son....


—Yo no sé, Tersites —respondió el bonachón de Eupator—. Según dicen, Aquiles está terriblemente ofendido, porque Agamenón envió con sus padres a su esclava... ¿cómo se llama ella? Briseida o Criseida, o algo parecido. Aquiles Peleo lo ha tomado como una cuestión de prestigio, pero a mi parecer, es que estaba realmente enamorado de la muchacha. Caramba, eso no es ninguna comedia.


—¡A me lo vas a contar! —dijo Tersites—. Yo sé muy bien cómo fue la cosa. Sencillamente, Agamenón le quitó la chica, ¿estamos? Desde luego, hay que ver las joyas que ya tiene robadas, y la carne de mujer le gusta más que las morcillas a los gatos. ¡Y estamos cansado de tantas cuestiones de faldas! Por culpa de esa perdida de Helena empezó la guerra y, ahora, este otro asunto. ¡Habéis oído que en los últimos, Helena se entiende con Héctor? Señores míos, a ésa ya la tuvo en Troya todo el que quiso, hasta ese anciano que está con un pie en la tumba, el mohoso de Príamo. ¿Y por una fulana así tenemos que sufrir y luchar? Muchas gracias, no tengo ganas.


—Se dice —comentó un poco avergonzado el joven Laomedonte—, que Helena es muy bella.


—Se dice... —contestó Tersites con desprecio—. Ya es una florecita más que marchita... y, además, una perdida que no tiene igual. Yo no daría por ella ni un pepino. Jóvenes, ¿sabéis que os digo? Le desearía a ese estúpido de Menéalo que ganáramos esta guerra y le dieran de nuevo a su Helena. Toda la belleza de ella consiste en un poco de leyenda, un poco de fantasía y un poco de maquillaje.


—¿Entonces nosotros, los dánaos —exclamó Hipodamio—, luchamos solamente por una simple leyenda?


—Querido Hipodamio —respondió Tersites—, parece ser que no ves las cosas claras. Nosotros los helenos, luchamos, primero: para que ese viejo zorro de Agamenón recoja sacos de botín; segundo, para que el presumido de Aquiles aplaque su insaciable ambición; tercero, para que el embustero de Odiseo nos robe los suministros de guerra y, finalmente, para que un cantante de feria pagado por ellos, un tal Homero o no sé cómo se llama ese pelele, por un par de cochinos reales glorifique a los mayores traidores de la nación griega, y al hacerlo, llene de vergüenza o, por lo menos, silencie, a los verdaderos, sencillos y abnegados héroes de Acaya, como sois vosotros. Así es la cosa, Hipodamio.


—Los mayores traidores... —dijo Eupator—. Esa palabra, Tersites, es un poco fuerte...


—Pues para que lo sepáis —soltó Tersites y apagó la voz—, yo tengo pruebas de su traición. Señores, es terrible. Yo no voy a decir todo lo que sé, pero hay una cosa que no debéis olvidar: estamos vendidos. Eso lo tenéis que ver vosotros mismos. ¿Acaso sería posible que nosotros, los griegos, la nación más valiente y más adelantada del mundo, no hubiéramos conquistado todavía ese basurero de Troya, y no hubiéramos dado ya cuenta de esos mendigos y granujas de no haber sido vendidos y traicionados hace años? ¿Acaso tú, Eupator, nos consideras a los aqueos como a perros cobardes, incapaces de acabar con esa cochina Troya? ¿Acaso son los soldados troyanos mejores que nosotros? Óyeme, Eupator, si piensas eso, no puedes ser griego, sino solamente epirota o tracio. Un verdadero griego, hombre del mundo antiguo, tiene que sentir con pena en qué vergonzosa corrupción vivimos.


—La verdad es —dijo pensativo Hipodamio—, que esta guerra se está prolongando miserablemente.


—¿Lo ves? —gritó Tersites—. Y yo te diré por qué: porque los troyanos tienen sus aliados y ayudantes entre nosotros. Quizás sabéis a quién me refiero.


—¿A quién? —dijo severamente Eupator—. Ahora, Tersites, ya has ido demasiado lejos para poder callar.


—No me gusta decirlo —se defendió Tersites—. Vosotros, dánaos, ya me conocéis y sabéis que no soy chismoso, pero si creéis que es en interés del pueblo, os diré una cosa terrible. Un día, conversaba yo con unos cuantos buenos y valientes griegos. Como patriotas, hablábamos de la guerra y del enemigo, y como mi naturaleza es abierta, estaba diciéndoles que los troyanos, nuestros principales y más encarnizados enemigos, son un hatajo de cobardes, ladrones, inútiles, harapientos y unas ratas; que su Príamo es un abuelo senil y su Héctor un cobarde. Reconoceréis, desde luego, el verdadero sentido que tienen en griego estas palabras. Y de pronto, sale de la sombra el mismo Agamenón —ya no le da vergüenza espiar— y dice: Despacio, Tersites. Los troyanos son buenos soldados, Príamo es un anciano justo y Héctor es un héroe. Después se dio la vuelta sobre sus talones, y desapareció antes de que pudiera contestarle como se merecía. Señores, yo me quedé como escaldado. Caramba —me dije— ya sabemos de dónde sopla el viento. Ahora ya conocemos al que lleva a nuestro campamento la propaganda enemiga, el desaliento y el desastre. ¿Cómo tenemos, pues, que ganar la guerra, si esos malvados troyanos tienen su gente, sus representantes, en medio de nosotros, ¡bah! todavía peor, directamente en nuestra tienda de campaña principal? ¿Y creéis vosotros, aqueos, que esos traidores hacen su trabajo demoledor sin más ni más? No, señores míos, ése no va gratuitamente alabando hasta el cielo a nuestros enemigos nacionales... Ése, ¡caramba!, tiene que recibir sus buenas monedas de Troya. Meditad un poco sobre el asunto, jovencitos. La guerra se prolonga a propósito, Aquiles se ha ofendido intencionadamente, nuestros soldados dejan oír solamente sus protestas y su nostalgia, por todas partes crece la indisciplina —en resumen, todo es una verdadera estafa y un robo. Mires a quien mires, es un traidor, un vendido, un extraño y un usurero. Y cuando uno descubre sus fintas, dicen que es un elemento desmoralizador y destructor. Eso es lo que saca un natural del país por querer, sin tener en cuenta quién hay a derecha o a izquierda, servir a su nación, a su honor y a su gloria. ¡Hasta este extremo hemos llegado nosotros, antiguos griegos! ¡Parece mentira que nos hundamos en todo este barro! Un día se escribirá sobre nuestra época como del período de más profunda profanación, vergüenza, mezquindad y traición, falta de libertad, destrucción, cobardía, corrupción y decadencia de la moral...


—Eso siempre ha pasado y seguirá pasando —bostezó Eupator—, y yo me voy a dormir. ¡Buenas noches, gentecita!


—Buenas noches —exclamó cordialmente Tersites, desperezándose a su gusto—. ¿Pero verdad que hemos tenido hoy una charla agradable?

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Benjanán

Fri, 2008-10-31 16:21
Karel Ĉapek

ANÁS

—Me preguntas, Benjanán, si él es culpable. El caso es el siguiente: yo no he sido el que lo ha condenado a muerte. Se lo envié a Caifás; que te diga Caifás qué delito ha encontrado en él. Personalmente, no tengo nada que ver en este asunto.

Yo soy un viejo práctico, Benjanán, y te lo digo abiertamente. Creo que sus enseñanzas eran, hasta cierto punto, de buen fondo. Ese hombre tenía razón en muchas cosas, Benjanán, y su intención era honrada; pero su táctica, muy mala. De esa forma nunca puede ganar nadie. Hubiera hecho mejor escribiendo un libro sobre todo ello y publicándolo. La gente lo hubiera leído y se hubiera dicho: Es un libro flojo, o interesante, en él no se encuentra nada nuevo... y cosas parecidas, en fin, lo que se dice generalmente de los nuevos libros. Pero al cabo de algún tiempo hubieran empezado a escribir sobre esto o aquello otras personas, y después otras; y por lo menos, hubiera conseguido inculcar algo. No toda su doctrina, desde luego; pero eso, una persona con sentido común ni siquiera lo desea. Basta con asentar una o dos de sus ideas. Así se hace y no de otra forma, querido Bejanán, cuando se quiere arreglar el mundo. Para eso ha de tenerse paciencia e ir suavemente. Te lo digo; ha de usarse la táctica apropiada. ¿Para qué sirve la verdad si no sabemos hacerla valer

Y ésa fue su mayor falta, que tuvo paciencia. Quería redimir al mundo en un dos por tres y hasta contra la voluntad de los salvados. Y eso es imposible, Benjanán. No debía haber ido hacia su meta tan directamente y con tanta brusquedad. La verdad se debe ir metiendo poco a poco, a cachitos; aquí un poquito, allá otro poco... para que la gente se vaya acostumbrado a ella. Y no que, de pronto, comienza: “Da todo lo que tienes...” y esto y lo otro. Ése es mal método. Además, debía haber tenido más cuidado con lo que hacía. Por ejemplo, aquello de ir con el látigo a arrojar a los mercaderes del Templo... ¡Si ellos son también buenos judíos, hombre, y tienen que vivir de algo! Yo sé que las casas de cambio no deben estar en un templo, pero siempre han estado allí. Entonces, ¿para qué tantos romances? Debía haberse quejado de ellos en el Sanedrín y en paz. El Sanedrín quizás hubiera ordenado que pusieran las mesas un poco más lejos y todo hubiera acabado bien. La importancia está siempre en la manera de hacer las cosas. El hombre que quiere conseguir algo en este mundo, no debe perder la cabeza y tiene que saberse dominar. Debe tener un frío y calculado sentido de las cosas. Lo mismo que esas asambleas de multitudes que hacía.... Ya sabes, Benjanán, a ninguna autoridad le gusta eso. O el que se dejara recibir tan pomposamente cuando llegó a Jerusalén. No tienes idea de la mala sangre que eso hizo. Debía haber entrado a pie y haber saludado aquí y allá... Así hay que hacer las cosas si se quiere tener alguna influencia. Hasta he oído decir que se dejó invitar por un publicano romano, pero no puedo creerlo; una torpeza así no la hubiera cometido. A la gente le gusta mucho desacreditar. Y no debía haber hecho milagros, eso tenía que acabar mal. Dilo tú mismo; a todos no los puede ayudar y aquéllos a quien no hizo milagro alguno, le tomaron rabia. O la de la mujer adúltera, eso sí que ocurrió, estoy seguro, Benjanán, y fue un grave error de táctica. ¡Decir a la gente en el juicio que tampoco ellos estaban libres de culpa! Si fuera así, ¿acaso podría haber en el mundo justicia alguna? Te lo digo, Benjanán, cometió una falta tras otra. Debía haber enseñado solamente y dejarse de hechos. No debió tomar sus enseñanzas tan al pie de la letra, no debió quererlas poner en práctica en seguida. Su método fue malo, querido Benjanán. Dicho sea entre nosotros, podía tener razón en muchas cosas, pero su táctica fue dudosa. Claro, no podía acabar de otra manera...


No te devanes los sesos con eso, Benjanán; todo está en orden. Fue un hombre justo, pero si quería salvar al mundo no debía haber sido tan radical. ¿Si fue condenado en justicia? ¡Vaya cuestión! Sí, te digo que, tácticamente, tenía que perder.


CAIFÁS

—Siéntate, mi querido Benjanán, estoy a tu servicio. Así que te interesa saber mi opinión, sobre si ese hombre fue crucificado justamente. Eso es muy sencillo, querido Benjanán. Primero: a nosotros no nos importa, porque no somos los que lo hemos condenado a muerte. Solamente lo entregamos al señor Procurador romano, ¿no es cierto? ¿Para qué hablar de responsabilidad en este asunto? Si lo condenaron justamente, está bien; si se ha cometido una injusticia, entonces, la culpa es de los romanos y se lo podremos echar en cara cuando nos convenga. Así está el asunto, querido Benjanán. Este caso se debe considerar políticamente. Por menos yo, como Sumo sacerdote, tengo que tener en cuenta el alcance político de cada cosa. Suponte tú, amigo: los romanos nos han librado de una persona que, ¿cómo diría yo?... por ciertos motivos no nos era grata. Y además, la responsabilidad recae sobre ellos...

¿Cómo dices? ¿Que cuáles son esos motivos? Benjanán, Benjanán... me parece que esta generación no tiene bastante sentido patriótico. ¿Pero acaso no comprendes cómo nos perjudica el que se ataque a nuestras autoridades reconocidas, como son los fariseos y los legisladores? ¿Qué van a pensar los romanos de nosotros? ¡Si eso es destruir el orgullo personal de la nación! Por motivos patrióticos debemos ayudar a levantar el prestigio de la nación, si queremos evitar que ésta caiga bajo la influencia extranjera. El que quita a Israel la fe en los fariseos trabaja a favor de los romanos. Y nosotros hemos arreglado las cosas de manera que el asunto ha sido resuelto por los propios romanos. A eso se le llama política, Benjanán. Y ahora uno encuentra todavía tontos que se preocupan de si fue o no crucificado en justicia. Recuerde usted, jovencito, que el interés de la patria está ante todo. Yo sé muy bien que nuestros fariseos tienen sus defectos. Aquí entre nosotros, son unos charlatanes sin vergüenza. Pero no podemos permitir que nadie menoscabe su autoridad. Ya sé, Benjanán.... Tú eras discípulo suyo y te gustaban sus enseñanzas: eso de que debemos amar a los semejantes e incluso a los enemigos y demás historias. Pero, dilo tú mismo: ¿nos ayuda con eso a nosotros, los judíos?


Y todavía una cosa más. No debía haber ido diciendo que venía a salvar el mundo, que era el Mesías y el Hijo de Dios y qué sé yo cuántas historias... Sabemos muy bien que era de Nazaret... Por favor, di tú, ¿qué Salvador del mundo ni qué ocho cuartos? Hay todavía gente que lo recuerda como hijo de José, el carpintero. ¿Y ese hombre quería salvar el mundo? ¿Pero qué se había creído? Yo soy un buen judío, Benjanán, pero ¡que nadie me venga con que cualquier paisano nuestro puede salvar el mundo! Eso sería tener una idea demasiado elevada de nosotros mismos. Hombre, no diría nada si hubiera sido romano o egipcio. ¿Pero un judiíto así de Galilea? ¡Si es cosa de risa! Eso de que vino al mundo para redimirlo, que se lo cuente a otros, Benjanán, pero a nosotros, no. ¡A nosotros, no! ¡A nosotros, no!

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Atila

Fri, 2008-10-31 16:21
Karel Ĉapek
Normal 0 21

Por la mañana llegó un mensajero del lindero del bosque con la noticia de que, hacia el sudeste, se había visto al anochecer un resplandor rojizo. Aquel día había caído de nuevo una llovizna fría, los troncos, mojados, no quería arder; tres personas del grupo escondido en la hondonada murieron de disentería. Porque ya no había que comer, se marcharon dos hombres en busca de los pastores de los linderos del bosque. Volvieron al anochecer, mojados y terriblemente extenuados. Con dificultad lograron decir que la situación era mala; las ovejas se morían y las vacas se hinchaban. Los pastores se les habían venido encima con cachiporras y cuchillos, cuando uno de ellos quiso llevarse un becerrito que les había confiado antes de marcharse al bosque.


—Recemos —dijo el cura, que sufría de disentería—. Dios se apiadará de nosotros.


Kriste eleison —clamó en voz alta todo el abatido grupo. En aquel instante estalló una ruidosa discusión entre las mujeres por unos trapos de lana.


—¡Otra vez esas malditas abuelas! —gritó el alcalde y fue a sacudirlas con el látigo. Así disminuyó la tensión inusitada y los hombres empezaron a sentirse, de nuevo, hombres.


—Aquí no llegarán esos yegüeros —dijo uno de barbas—. ¡Qué va! A esta hondonada y bajo estos arbustos.... Dicen que tienen caballos pequeños y enjutos como cabras.


—Yo diría —objetó cierto hombrecito excitado—, que debíamos habernos quedado en la ciudad. Pagamos una cantidad tan enorme por las murallas. Por ese dinero podrían haberse hecho murallas imponentes, ¿no es eso?


—Claro —sonrió un bachiller tuberculoso—. Por ese dinero podrían ser murallas de mazapán. Ve a darles un mordisco... Mucha gente se hartó con ellas, quizás haya quedado algo para ti.


El alcalde resopló amenazador. Aquella conversación no era de las más apropiadas para el momento.


—Yo diría —continuó con su idea el excitado ciudadano—, que la caballería contra murallas así... La cosa era no dejarles entrar en la ciudad; y podíamos ahora estar a salvo.


—Pues vuélvete a la ciudad y métete en la cama —le aconsejó el hombre de las barbas.


—¿Qué iba a hacer allí yo solo? —objetó el excitado hombrecito—. Lo único que digo es que debíamos habernos quedado en la ciudad y habernos defendido. Después de todo, tengo derecho a opinar y a decir que se cometió un error, ¿no? ¡Tanto costaron esas murallas, y luego se dice que no sirven para nada! ¡Háganme el favor!


—Sea como sea —dijo el cura—, debemos confiar en la ayuda de Dios, hijitos. ¡Si ese Atila es solamente un pagano!


—¡El azote de Dios! —se oyó decir al monje sacudido por escalofríos—. ¡Castigo de Dios!


Los hombres, disgustados, callaron. Aquel monje fogoso siempre estaba dispuesto a predicar y, después de todo, ni siquiera pertenecía al Municipio. “¿Para qué tenemos a nuestro propio cura? —pensaron los hombres—. Ese es nuestro, está de nuestra parte y no maldice tanto contra nuestros pecados. Como si, después de todo, pecáramos tanto” —meditaban amargados.


La lluvia había cesado, pero todavía las pesadas gotas resbalaban de las copas de los árboles.


—Dios mío, Dios mío —se quejó el cura que sufría por su enfermedad.


Al anochecer los centinelas trajeron a un agotado fugitivo; decían que era un fugitivo del Este, del territorio invadido.


El alcalde, envanecido, empezó a interrogar al fugitivo. Tenía, desde luego, la opinión de que un asunto oficial de esa clase, debía tratarse con la mayor severidad.


—Sí —dijo el jovencito—. Los hunos están solamente a unas once millas de aquí y siguen avanzando, aunque despacio.


Ocuparon su ciudad y los vio. No, a Atila no lo había visto, sino a otro general, uno gordote. ¿Que si habían quemado la ciudad? No, no la quemaron. Aquel general había lanzado una proclama diciendo que la población civil no sufriría daño alguno si la ciudad daba bebida y provisiones y no sé cuántas cosas más. Y que la población debía abstenerse de toda clase de manifestaciones hostiles contra los hunos o, en caso contrario, se tomarían las más severas medidas y represalias.


—¡Pero si esos paganos asesinas a las mujeres y a los niños! —afirmó con seguridad el hombre de las barbas.


El jovencito decía que no. En su ciudad, no. Él mismo había estado escondido entre el heno, pero cuando su madre le dijo que se contaba que los hunos se llevaban a los hombres jóvenes para conducir los rebaños, huyó por la noche. Eso era todo lo que sabía.


Los hombres no estaban satisfechos.


—Es cosa sabida —declaró uno— que cortan de un tajo las manos a los niños de pecho, y lo que hacen con las mujeres no se puede ni contar.


—Yo de esas cosas no he oído nada —dijo el jovencito como disculpándose.


Por lo menos, en su pueblo no había ocurrido nada tan terrible. ¿Y qué cuántos eran esos hunos? Alrededor de unos doscientos; más no.


—¡Mientes! —gritó el de las barbas—. Todo el mundo sabe que hay más de quinientos mil. Y a donde van, asesinan a todos o los arrojan de allí.


—Cierran a la gente en los graneros y los queman —dijo otro.


—Y a los niños los atraviesan con sus lanzas —añadió un tercero excitado.


—Y los asan al fuego —continuó un cuarto sorbiéndose el moco—. ¡Paganos malditos!


—¡Dios, Dios! —gimió el cura—. Dios, ten compasión de nosotros.


—Tú me pareces muy raro —dijo el de las barbas al jovencito, con desconfianza—. ¿Cómo puedes decir que has visto a los hunos, si estabas escondido en el heno?


—Mi madre los ha visto —tartamudeó el jovencito—, y me llevaba la comida al porche.


—¡Mientes! —retronó el de las barbas—. Sabemos muy bien que allá donde llegan los hunos, arramblan con todo y lo dejan como si hubiera pasado la langosta. Ni una hoja en los árboles queda después de su paso, ¿comprendes?


—¡Dios de los cielos, Dios de los cielos! —empezó a gemir histéricamente el excitado ciudadano—. ¿Y por qué, por qué ocurre esto? ¿Quién ha tenido la culpa de ello? ¿Quién les ha dejado llegar hasta aquí? Tanto hemos pagado por el ejército... ¡Dios de los cielos!


—¿Que quién los ha dejado entrar hasta aquí? —respondió burlón el estudiante—. ¿Tú no lo sabes? Pregúntale al emperador de Bizancio quién llamó a esos monos amarillos. Caramba, como si hoy no supiera ya todo el mundo quién paga el traslado de las naciones. A eso se le llama alta política, ¿sabes?


El alcalde lanzó un solemne resoplido.


—Eso que decís son tonterías. La cosa es completamente diferente. Esos hunos se morían de hambre en su país, ¡canalla holgazana! Trabajar no saben, civilización no tienen ninguna, y se quieren hartar... Por eso han venido hasta aquí, para podernos... eso, arrebatar... los frutos de nuestro trabajo. Solamente a robar y a repartirse el botín, y otra vez hacia delante, ¡inútiles!


—Son unos paganos ignorantes —dijo el cura—. Salvajes e irracionales. Nuestro Señor quiere así probar nuestra fe. Recemos y demos gracias y todo volverá de nuevo a la normalidad.


—¡El azote de Dios! —comenzó a predicar excitado el fogoso monje—. Dios os castiga por vuestros pecados, Dios es el que envía a los hunos y os aniquilará como a Sodoma. Por vuestras fornicaciones y maldiciones, por la dureza e impiedad de vuestros corazones, por vuestra avaricia y gula, por vuestro culpable bienestar y vuestro dinero. Dios os repudió y os entregó en manos del enemigo.


El alcalde gruño amenazador.


—Cuidado con el hocico, Dómine, que aquí no está en la iglesia, ¿estamos? Han venido a hincharse las panzas y nada más. Son unos gandules, pordioseros y miserables.


—Política es esto —continuó con su idea el bachiller—. Veo bien la mano de Bizancio.


—¡Nada de Bizancio! Eso lo hicieron los caldereros y nadie más. Hace tres años que estuvo aquí un calderero ambulante y, precisamente, tenía un caballo pequeño y seco como los que llevan los hunos.


—¿Y qué tiene que ver eso? —preguntó el alcalde.


—Esta muy claro —gritó el hombre negruzco—. Aquellos caldereros iba delante para ver lo que había que robar en cada parte... ¡Eran espías! Todo esto lo prepararon los caldereros. ¿Qué buscaban aquí? ¿Qué, qué? ¿Para qué venían si en la ciudad había estañeros establecidos? Para estropear el oficio y espiar. En su vida fueron a la iglesia... hacían brujerías... echaban mal de ojo al ganado... ¡hasta rameras llevaban consigo! ¡Todo lo hicieron los caldereros!


—Algo hay de verdad en eso —consideró el de las barbas—. Los caldereros son gente rara. Dicen que hasta comen la carne cruda.


—Una banda de ladrones —confirmó el alcalde—. Roban las gallinas y todo lo que pueden.


El estañero se ahogaba de justa indignación.


—¡Ya lo veis! Se dice que Atila y, mientras tanto, son los caldereros. ¡De todo, de todo tienen esos malditos la culpa! Nos embrujaron el ganado, nos enviaron la disentería. ¡Todo lo hicieron los caldereros! Debíais haberlos colgado en cuanto se presentaban. ¿Acaso no sabéis... no habéis oído hablar de las calderas del infierno? ¿Y no habéis oído decir que esos hunos se acompañan en sus marchas con golpes en las calderas? Hasta un niño ha de comprender la relación existente. Esos caldereros son los que han traído la guerra... los caldereros son los culpables de todo. Y tú —gritó con la boca llena de espuma, señalando al jovencito forastero—, tú eres también un calderero, estás acuerdo con los espías y caldereros. Por eso has venido... Querías aturdirnos con tus historias, ¡calderero!, querías traicionarnos.


—¡Que lo cuelguen! —silbó el excitado hombrecito.


—Esperad, vecinos —tronó la voz del alcalde sobre el tumulto—. Eso hay que investigarlo bien. ¡Silencio!


—¿Para qué tantos romances? —gritó alguien.


Empezaron a alterarse hasta las mujeres.



Aquella noche resplandeció el Noroeste como una inundación de fuego. Lloviznaba... Cinco personas del grupo murieron de disentería y catarro.


Al jovencito lo colgaron después de un largo martirio.
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Iconoclastas

Fri, 2008-10-31 16:21
Karel Normal 0 21 Ĉapek


Un erudito y experto famoso llamado Procopio, entusiasta coleccionista y admirador del arte bizantino, se presentó un día en el Monasterio de San Simón para hablar con el padre prior, llamado Nicéforo. Nuestro visitante, muy excitado, paseaba por los pasillos del santo lugar.


Bonitos remates de pilar tienen aquí —se decía— seguramente del siglo V. Solamente Nicéforo nos puede ayudar, tiene gran influencia en la Corte y en su tiempo fue pintor. ¡Y no era mal pintor ese vejete! Recuerdo que diseñaba bordados para la emperatriz y le pintaba iconos. Por eso le hicieron abad de este Monasterio, cuando las manos se le agarrotaron a causa del artritismo, hasta el punto de no poder sostener un pincel en ellas. Y, según dicen, su palabra aún tiene valor en la Corte. ¡Cristo Jesús! Ésa sí que es una cabeza hermosa. Sí, Nicéforo ayudará. Ha sido una suerte que nos acordáramos de Nicéforo.>


—Bienvenido, Procopio —oyó decir tras sí a una voz blanda.


Procopio se volvió bruscamente. Ante él estaba un sonriente y seco viejecito, con las manos escondidas en las mangas.


—Un hermoso remate de pilar, ¿no es eso? —dijo—. Viejo trabajo de Naxos, amigo.

Procopio besó la manga del abad.


—He venido a verle a usted, padre —empezó exaltado, pero el prior del monasterio le interrumpió:


—Ven a sentarte al sol, querido mío. A mi edad, eso hace mucho bien. ¡Qué día, Dios mío, cuánta luz! ¿Y bien? ¿qué te trae por aquí, hijo? —añadió cuando se sentaron en el banco de piedra, en medio del jardín del Monasterio, en el que zumbaban las abejas y se sentía el perfume de la salvia, el espliego y la menta.


—Padre —empezó a decir Procopio—, me dirijo a usted como al único que puede evitar una terrible e irreparable catástrofe cultural. Sé que usted me comprenderá, porque es usted artista. ¡Qué pintor era usted, padre mío, antes de tomar sobre sus espaldas la noble responsabilidad de su cargo espiritual! Dios me perdone, pero a veces lamento que no haya continuado usted inclinado sobre sus planchas de madera, de las que en otros tiempos, hacía surgir algunos de los más hermosos iconos bizantinos.


El padre Nicéforo, en lugar de responder, se arremangó las largas mangas de su hábito y puso al sol sus pobres manos pequeñas y nudosas, encogidas por el artritismo como las garras de un loro.


—¡Pero no! —dijo solamente—. ¿Por qué dices eso, hijo mío?


—Si es verdad, Nicéforo —contestó Procopio—. (Madre de dios, qué manos tan terribles tiene.) Vuestros iconos son hoy día de un valor incalculable. No hace mucho, un judío pedía por un cuadro vuestro dos mil dracmas, y cuando se negaron a dárselas, dijo que esperaría y dentro de diez años le darían tres veces más.


El padre Nicéforo tosió modesto y enrojeció de alegría.


—¡No me digas! —murmuró—. Por favor, ¿quién hablaría de mi pobre arte? No es necesario... Tenéis maestros tan queridos como, por ejemplo, Argirópulos, Malvasias, Papadianos, Megalocastros y tantos otros. Y ése... ¿cómo le llaman? El que hace los mosaicos.


—¿Quiere usted decir Papanastasio? —preguntó Procopio.


—Sí, sí —gruñó Nicéforo—. Dicen que tiene mucho valor. En fin, yo no sé, pero en los mosaicos veo más bien trabajo de albañilería que verdadero arte. Dicen que vuestro... como le digan...


—¿Papanastasio?


—Sí, Papanastasio. Dicen que es de Creta. En mis tiempos la gente miraba la escuela de Creta de otro modo. No es lo verdadero>, decían. Una línea demasiado dura. ¡y esos colorines! Así pues, ¿tú dices que ese cretense es terriblemente apreciado? Mmm... ¡es extraordinario!


—Yo no he dicho nada parecido —se defendió Procopio—. Pero, ¿ha visto usted sus últimos mosaicos?


El padre Nicéforo movió con decisión la cabeza.


—No, no, querido mío, ¿qué tendría que ver en ellos? Líneas como alambres y, además, de un color oro chillón. ¿Has visto que en su último mosaico está el arcángel Gabriel tan inclinado como si se estuviera cayendo? ¡Si el cretense ese no sabe todavía cómo pintar un muñeco para que esté en pie como es debido!


—Bueno —objetó Procopio—, en realidad lo hizo así por motivos de composición.


—¡Pues le doy muchísimas gracias! —soltó el abad, hinchando excitadamente su rostro—. ¡Por motivos de composición! Entonces, por motivos de composiciones puede pintar mal, ¿no es eso? Y el mismo emperador fue a verlo y dijo: Interesante, muy interesante. —El padre Nicéforo dominó su indignación.— El dibujo, señor mío, es, ante todo, dibujo. En ello está todo el arte.


—Se ve que habla un maestro —le lisonjeó rápido Procopio—. Yo tengo en mi colección su Ascensión, pero le digo, padre, que no la daría por ningún Nicaón.


—Nicaón fue un buen pintor —dijo Nicéforo con decisión—. Escuela clásica, señor mío. ¡Aquéllas sí que eran hermosas proporciones! Pero mi Ascensión es un cuadro flojo, Procopio. Esas figuras inmóviles y ese Cristo con alas, como una cigüeña... Hombre, Cristo tiene que poder volar hasta sin alas. ¡A eso se le llama arte!


El padre Nicéforo se sonó en la manga excitado.


—No hay nada que hacer... entonces yo no sabía todavía dibujar. No había en ello profundidad ni movimiento.


Procopio miró sorprendido las manos retorcidas del abad.


—Padre, ¿usted todavía pinta?


—Pero no... no... —dijo el padre Nicéforo negando con la cabeza—. Sólo, de vez en cuando, ensayo algo para alegrarme.


—¿Figuras? —exclamó Procopio.


—Figuras, hijo, no hay nada más hermoso que las figuras. Figuras de pie que parecen como si quisieran echar a andar. Y tras ellas fondo, en el que se diría que podían entrar. Es difícil, querido. ¿Qué sabe de eso un tal como vuestro... bueno, como se llame, ese albañil de Creta con sus muñecos pintados?


—Me gustaría ver sus nuevos cuadros, Nicéforo —dijo Procopio.


El padre Nicéforo hizo un movimiento con la mano.


—¿Y para qué? ¡Si tenéis a vuestro Papanastasio! Tremendo artista>, decís vosotros. Caramba, ¡por motivos de composición! Bien; si los muñecos de sus mosaicos son arte, entonces, no sé lo que es pintar. Tú, desde luego, eres un experto, Procopio. Seguramente tienes razón cuando dices que Papanastasio es un genio.


—Yo no he dicho eso, Nicéforo —protestó Procopio—. No he venido aquí para discutir con usted de arte, sino para protegerlo antes de que sea tarde.


—¿Contra Papanastasio? —preguntó vivamente Nicéforo.


—No, contra el emperador. ¡Si usted lo sabe! Su Majestad Constantino Copronimo quiere, bajo la presión de ciertos círculos eclesiásticos, prohibir la pintura de iconos. Dicen que es idolatría o algo parecido. ¡Una insensatez así, Nicéforo!


El abad cubrió sus ojos con sus mustios párpados.


—Ya he oído hablar de eso, Procopio —murmuró—. Pero todavía no hay nada concreto. No, todavía no es seguro.


—Precisamente por eso he venido a verle, padre —habló calurosamente Procopio—. Todo el mundo sabe que para el emperador es solamente una cuestión política. ¡Un diablo le importa a él eso de la idolatría! Pero quiere tener tranquilidad, y cuando por las calles va una gentuza, dirigida por sucios fanáticos, gritando fuera los idólatras>, nuestro poderoso emperador piensa que es mejor complacer a esos mendigos harapientos. ¿Sabe que han borrado los frescos de la capilla del Amor de los Amores?


—Había oído hablar de ello —suspiró el abad con los ojos entornados—. ¡Qué pecado, Madre de Dios! ¡Unos frescos tan extraordinarios de la misma mano de Estefanides! ¿Recuerdas la figura de Santa Sofía, a la izquierda de Cristo bendiciendo? Procopio, aquélla era la figura de pie más hermosa que he visto en mi vida. Estefanides sí que era un maestro, hombre. ¡Para qué hablar!

Procopio se inclinó enérgicamente hacia el abad.


—Nicéforo, escrito está en la Ley de Moisés: No harás grabados ni cualquier otra clase de parábola de aquellas cosas que están en lo alto del cielo, ni de aquéllas que están aquí abajo en la tierra, ni de aquéllas que están en el agua bajo la tierra. Nicéforo, ¿tienen razón los que dicen que está prohibido por Dios el pintar cuadros y tallar estatuas?


El padre Nicéforo movió la cabeza, sin abrir los ojos siquiera.


—Procopio —suspiró al cabo de un momento—, el arte es tan santo como el oficio divino, porque... glorifica la obra de Dios y enseña a amarle —y con su pobre mano, hizo una cruz en el aire—. ¿Acaso no fue también un artista el Creador? ¿No modeló la figura del hombre del barro de la tierra? ¿No concedió a cada cosa sus rasgos característicos y colorido? ¡Y qué artista, Procopio! Nunca, nunca aprenderemos bastante de Él... Además, la ley era válida solamente para los tiempos bárbaros, cuando la gente todavía no sabía dibujar como es debido.


Procopio suspiró profundamente.


—Sabía, padre, que hablaría usted así —dijo respetuosamente—. Como sacerdote y como artista. Nicéforo, usted no permitirá que sea destruido el arte.


—¿Yo? —el abad abrió los ojos—. ¿qué puedo hacer yo, Procopio? Los tiempos son malos, el mundo culto se barbariza, llega gente de Creta y de quién sabe dónde... Es terrible, querido hijo, pero ¿cómo evitarlo?


—Nicéforo, si hablase usted con el emperador...


—No, no —dijo el padre Nicéforo—. El emperador no tiene ningún sentido del arte, Procopio. He oído decir que un día alabó los mosaicos de ese vuestro... bueno, como le llaméis.


—Papanastasio, padre.


—Sí, ése que hace esos monigotes mal pintados. El emperador no tiene idea de lo que es arte. Y Malvasia es, según mi opinión, un pintor igual de malo. Se comprende, escuela de Ravena. ¿Y lo ves?, sin embargo, le encargaron los mosaicos de la capilla de palacio. ¡No se puede hacer nada en la corte! Procopio, yo no puedo ir allí y pedir que permitan a cualquier Argirópulos u otro cualquiera como ése de Creta... Papanastasio, ¿no?, seguir estropeando las paredes.


—No se trata de eso, padre —dijo Procopio con paciencia—. Pero tenga usted en cuenta que si ganan los iconoclastas serás destruidas todas las obras de arte. Hasta vuestros iconos serán destruidos, Nicéforo.


El abad hizo un gesto con la mano:


—Eran muy flojos, Procopio —murmuró—. Antes no sabía yo dibujar. Dibujar figuras, señor, eso no se aprende tan fácilmente.


Procopio señaló con un dedo tembloroso la antigua figura del joven Baco, cubierta hasta la mitad por un rosal silvestre.


—Hasta esa figura será destruida —dijo.


—¡Qué pecado, qué pecado! —murmuró débilmente Nicéforo, abriendo sus ojos doloridos—. Nosotros le llamábamos a esa escultura San Juan Bautista, pero es un verdadero, un perfecto Baco. Horas y horas me paso mirándolo. Es como una plegaria, Procopio.


—Ya lo ve usted, Nicéforo. ¿Y tiene que ser destruida esa perfección divina? ¿Tienen que hacerla grava a martillazos algunos piojosos y alborotadores fanáticos?


El abad hizo un gesto con la mano:


—Usted es el único que puede salvar el arte, Nicéforo —trató de convencerle esforzadamente Procopio—. Su santa vida y su sabiduría le han hecho ganar un respeto inmensurable en la Iglesia; la Corte le aprecia en alto grado, será usted miembro del Gran Sínodo, que ha de decidir si los cuadros y las esculturas son solamente medios de la idolatría. Padre, ¡el destino del arte está en sus manos!


—Sobreestimas mi influencia, Procopio —suspiró el abad—. Esos fanáticos son fuertes y tienen tras ellos a la plebe... —Nicéforo guardó silencio—. ¿Dices que destruirán todos los cuadros y esculturas?


—Sí.


—¿Y destruirán también los mosaicos?


—Sí; los desharán a golpes en las bóvedas y esparcirán las piedrecillas por los estercoleros.


—¡No me digas! —exclamo interesado Nicéforo—. Entonces, también destruirán ese ángel Gabriel tan mal dibujado, de ése... ¿no?


—Seguramente.


—¡No estaría mal! —rió el abad—. Es un cuadro terriblemente malo, hombre. Nunca había visto algo tan deforme como ese monigote. Y a eso le llaman ¡motivos de composición! Yo te digo, Procopio, que un dibujo malo es un pecado y una blasfemia. Es contra Dios. ¿Y ante eso ha de arrodillarse la gente? ¡No, no! Lo cierto es que arrodillarse ante cuadros malos es, en realidad, idolatría. A mí no me extraña que a la gente la subleven estas cosas. Tienen toda la razón del mundo. La escuela de Creta es una herejía, y ese Papanastasio es un hereje peor que cualquier Ario. ¿Así que tú crees —volvió a decir de nuevo, animadamente—, que también destruirían ese mamarracho? Me traes buenas noticias, querido hijo. Me alegra que hayas venido —Nicéforo se levantó con dificultad, como queriendo significar que la entrevista había terminado—. Hace un hermoso tiempo, ¿verdad?


Procopio se levantó completamente deshecho.


—Nicéforo —dijo—, también destruirán otros cuadros. ¡Todo el arte será quemado y destruido!


—Bueno, bueno... —dijo el abad conciliador—. Será lástima, una gran lástima... Pero si queremos librar al mundo de los malos dibujos, no hemos de fijarnos demasiado en unas cuantas injusticias. Con tal de que la gente no se arrodille ya ante ese mamarracho que hizo vuestro... bueno, ése...


—Papanastasio.


—Sí, ése. Una miserable escuela de pintura la de Creta, Procopio. Estoy contento de que me hayas llamado la atención sobre el Sínodo. Estaré allí, Procopio, estaré allí aunque tuvieran que llevarme en brazos. Hasta la muerte no me perdonaría el no estar presente en una cosa así. Con tal de que destrocen ese arcángel Gabriel —se rió Nicéforo con sus mejillas enjutas—. ¡Dios te guarde, hijo! —dijo levantándose y extendiendo su mano sarmentosa para bendecir.


—Dios le guarde, Nicéforo —suspiró desesperado Procopio.


El abad Nicéforo se alejó moviendo pensativo la cabeza.


—Mala escuela es la de Creta —murmuró—. Ya es hora de que se le paren los pies. ¡Ay, Dios mío! ¡Qué herejía ese Papanastasio... y Papadianos...! Eso no son figuras, sino ídolos, malditos ídolos —gritaba Nicéforo moviendo sus martirizadas manos—. ¡Ídolos... ídolos... ídolos...!

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The Long Johns

Fri, 2008-10-31 16:21
De sobra es conocida la excelencia del humor británico. Un descubrimiento personal reciente han sido los sketches de John Bird y John Fortune, que vienen a confirmar mi melancólica convicción de que existen más cosas interesantes de las que podemos estar enterados y que, salvo que una intervención del azar lo corrija, probablemente seguiremos ignorándolas.

Cada sketch presenta una entrevista a George Parr, personaje ficticio que en cada ocasión ejerce un empleo distinto. No quiero entrar a calificar el trabajo de estos humoristas porque los halagos rara vez son otra cosa que un énfasis. Es mejor pasar directamente a los vídeos.

George Parr, investment banker I



George Parr, investment banker II



George Parr, investment banker III



George Parr, planner at the Ministry of Defense



George Parr, admiral



George Parr, Washington diplomat I



George Parr, Conservative MP



George Parr, Washington diplomat II


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Injurias

Fri, 2008-10-31 16:21
Después de un juicio escasamente publicitado —y que pcbcarp cubrió parcialmente para los lectores de su Barra Virtual—, hará alrededor de un mes que condenaron finalmente a Federico Jiménez Losantos por injurias contra Alberto Gallardón, alcalde de Madrid.

En lo personal, aprobé la decisión de la juez encargada del proceso. El director del periódico El Mundo, Pedro J. Ramírez, había salido en defensa del acusado afirmando que lo protegía su derecho a la libertad de expresión, argumento irrefutable si alguien estuviera tratando de silenciar a Losantos. De lo que se trataba el juicio, en todo caso, era de delucidar si el periodista había abusado o no de ese derecho, tan traído y llevado en estos días. Y es que la libertad de expresión no debería servir como pretexto para no hacernos responsables de nuestras palabras ni debería impedir que la otra parte pueda responder a su vez, ya sea con otras declaraciones o poniendo el asunto en manos de la justicia. A fin de cuentas, a toda acción le corresponde una reacción, que es la tercera ley de Newton, y los ataques de Losantos, que el interesado probablemente podrá encontrar en la red sin demasiado esfuerzo, eran, además de irrespetuosos, mediocres, bastos y absolutamente desprovistos de estilo. Y eso sí que es imperdonable.

Es obvio que Jiménez Losantos, por más que algunos ensalzen su talento, no domina el arte delicado del terrorismo verbal. Ignoro el por qué, aunque cabría suponer que le falte o la inteligencia o la destreza verbal para producir una injuria que resulte memorable por algo que no sea su zafiedad o su bajeza. Habrá quien quiera justificarlo arguyendo que el tema que le ocupa es tan importante y le apasiona tanto que no puede detenerse a reparar en cuestiones de estilo, sino que sólo se preocupa por la sinceridad de lo que dice. Pero eso es sólo una excusa porque la sinceridad no es necesariamente una virtud en sí misma dado que uno puede, por ejemplo, decir sinceramente algo que no es cierto; además, cualquiera que trabaje con la palabra sabe que el contenido del mensaje y su forma son una sola cosa y que descuidar cualquiera de las dos es descuidar la totalidad. Como ya señaló Oscar Wilde: "In all unimportant matters, style, not sincerity, is the essential. In all important matters, style, not sincerity, is the essential". Pero igual no debería mostrarme demasiado duro con él, ya que a día de hoy son pocos los que todavía consiguen practicar el terrorismo verbal con algo de elegancia. Bastaría con repasar apresuradamente algunos de los mejores momentos de Jorge Luis Borges, un maestro del insulto elegante, para ver qué bajo hemos caído.

Borges, en Historia de la eternidad, incluyó una nota titulada "Arte de injuriar" donde analizaba someramente algunos de los procedimientos más comunes en este tipo de empresa. No me extenderé resumiendo el contenido de ese texto ya que lo supongo conocido. En cualquier caso, señala lo convencional del género y cómo depende de los juegos con la sintaxis, la caridad falsa, las concesiones traicioneras, la selección cuidadosa de los verbos y el acercar palabras cuya convivencia habitualmente no consideramos. Así, se puede hablar de "despachar un soneto" o "expender una novela", así, en más de una ocasión Borges habló de "infligir un manuscrito" para referirse al hecho de dar a leer un texto a alguien para recibir su opinión. También incluyó algunos insultos que encontraba memorables. Sirvan para botón de muestra este de Groussac:
Sentiríamos que la circunstancia de haberse puesto en venta el alegato del doctor Piñero, fuera un obstáculo serio para su difusión, y que este sazonado fruto de un año y medio de vagar diplomático se limitara a causar 'impresión' en la casa de Coni. Tal no sucederá, Dios mediante, y al menos en cuanto penda de nosotros, no se cumplirá tan melancólico destino.
O este otro, de Vargas Vila, que califica como la injuria más espléndida que ha conocido: "Los dioses no consintieron que Santos Chocano deshonrara al patíbulo, muriendo en él. Ahí está vivo, después de haber fatigado la infamia". A la perfección de esta sentencia se le suma el goce añadido de que, antes de pasar a citarla, Borges apunte que la considera el único roce de su autor con la literatura.

Acaso el ataque más conocido de Borges sea el que dedica a Américo Castro en su ensayo "Las alarmas del doctor Américo Castro", que aparece en su libro Otras inquisiciones. Es un ataque feroz y el texto está lleno de momentos felices. Personalmente, siempre he sonreido cuando acusa a su víctima de ser "más versátil en el error", o ante este otro, que es un excelente ejemplo de falsa caridad y maestría sintáctica: "Para demostrar la primera tesis —la corrupción del idioma español en el Plata—, el doctor apela a un procedimiento que debemos calificar de sofístico, para no poner en duda su inteligencia; de candoroso, para no dudar de su probidad".

La obra de Borges, incluso en textos desprovistos de importancia, está llena de estas felicidades, verbigracia, este "panegírico turbio" con que da inicio a un brevísimo ensayo biográfico sobre Romain Rolland incluido en Textos cautivos:

La gloria de Romain Rolland parece muy firme. En la República Argentina lo suelen admirar los admiradores de Joaquín V. González; en el Mar Caribe, los de Martí; en Norteamérica, los de Hendrik Willem Van Loon. En Francia misma no le faltará jamás el apoyo de Bélgica y de Suiza.
Sin embargo, el mejor texto que conozco de Borges en este cuasi-género de la injuria literaria es una reseña sin importancia que aparece incluida en el segundo tomo de Textos recobrados, que cubre el período que va de 1931 a 1955, y con la que quiero cerrar este comentario. A pesar de su intrascendencia es una joya de terrorismo verbal y un verdadero goce.

Arturo C. Schianca

HISTORIA DE LA MÚSICA ARGENTINA
El señor Schianca (Arturo C.) habla con alguna emoción de los archivos que ha interrogado para la composición de este libro, pero no declara que esos archivos son de un carácter tan selecto que rayan en lo mínimo y en lo portátil. Casi puede afirmarse que se reducen al "Cancionero bonaerense", de Ventura R. Lynch: citado cuatro veces por él y silenciosamente repetido unas siete u ocho, con una exactitud ejemplar. Ese libro de Lynch, inicialmente publicado el año 1883 y reimpreso más tarde por nuestra Facultad de Filosofía y Letras, es el demonio familiar del señor Arturo C. Schianca, el secreto Ángel de su Guarda. Tres cuartas partes de su vida afirma el señor Schianca que ha consagrado a la preparación de su historia, o —sustituyendo por cantidades iguales— a la lectura del folleto de Lynch. Hay casos de lectores con más apuro.

A veces la modestia del historiador busca otros asilos. Su capítulo sobre las danzas españolas recoge descripciones de diccionario —y no de diccionario musical. Otras, copia los párrafos del libro "Nuestra primera música instrumental" del padre Granón, con la debida autorización eclesiástica. Otras se acuerda rápidamente de Juan Alvarez, de Jorge R. Furt o de Gómez Carrillo —siempre con la omisión de esos nombres propios. Con todo, sería injusto suponer que esos devaneos logran distraerlo por mucho tiempo de su pasión central: el "Cancionero bonaerense", de Lynch. Algunos juzgarán que es censurable la omisión de las comillas, pero en el tutelar folleto de Lynch tampoco figuran, y el señor Schianca es demasiado respetuoso para agregarlas. Además, ese flequillo tipográfico no es tan encantador. Las raras veces que se resuelve a usarlo, sus transcripciones carecen de exactitud.

Sin embargo, sería aventurado suponer que el señor Arturo C. Schianca ha sido excluido totalmente del libro que aparece bajo su nombre. Le corresponden algunas impresiones de bailes y alguna anécdota. Deploro delatar estas infracciones a una modestia que adivino congénita, pero mi probidad de crítico me obliga a tan desagradable denuncia.

Ese ligero ataque de originalidad, casi indecoroso y obsceno en un historiador tan puntual, puede remediarse debidamente en una segunda edición. Sólo se trata de omitir esos párrafos anormales y reemplazarlos por otros de Don Vicente Rossi o del finado Don Ventura R. Lynch. Los restos disponibles de este último no han de ser muy copiosos, pero la unidad de la obra saldrá ganando.

Crítica, Revista Multicolor de los Sábados, Buenos Aires, Año 1, No. 9, 7 de octubre de 1933.
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